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miércoles, 5 de septiembre de 2012

LA DAMA DE LAS SERPIENTES (Capítulo Tercero)

   "Efectivamente, mis iniciados, es lo que estáis pensando: ese nuevo destino era nuestra generosa isla.
Cuando Potnia arrivó en nuestras costas ya era noche cerrada, y, agotada por los acontecimientos, sólo quería buscar un lugar donde acurrucarse y dormir. Por suerte, por allí cerca encontró una cueva abandonada en la que pronto se refugió. La gruta estaba formada por una parte habitable y una profunda galería que se perdía hacia adentro como boca de lobo. Potnia se acostó en la zona acogedora, pero antes de quedarse dormida se sintió invadida por una tremenda desolación. Se dio cuenta de que estaba completamente sola en el mundo, y esa certeza le cayó encima como una losa oscura.

Además, por si esto no fuera suficiente, a la mañana siguiente se despertó de golpe con un sonido agudo e irritante en la oreja. Cuando abrió los ojos espantada, se encontró a un ser de torso humano y patas de cabra, que la miraba partiéndose de risa, con una flauta en la mano:
-¡AAAAAJAJAJAJAJAJAJA! ¡nunca me canso de hacerlo, me encanta la cara que ponéis! Jajajajajajajaja, ay...sisisisi....- Decía limpiándose las lágrimas.
Potnia pasó del miedo al enfado en un par de segundos
- ¡¡¡Tú eres tonto o que te pasa, cabrón de mierda!!! - Le gritó.
- Eeeeh, eh, eh. Qué modos son esos de tratar al dios Pan- respondió él algo ofendido.
La chica cayó en la cuenta de su error al instante, y alarmada por su comportamiento, se encogió rápidamente en una reverencia de disculpa.
- Os ruego que me perdonéis, por favor, mi señor- dijo temblando como una hoja.
- Hombre, que tampoco es eso- respondió él de nuevo divertido- aunque sea un dios, me paso la   mayor parte del tiempo gastando bromas pesadas... No me llames "mi Señor", me gusta más "venerable Pan".
Potnia se relajó y se rió mirándolo a los ojos, y Pan también sonrió por unos momentos, hasta que de pronto se quedó muy serio y comentó.
- Tienes una mirada muy intensa, la que tienen sólo "aquellas que nacieron para ser brujas". ¿De donde vienes?
- Soy de la tribu de los gromios, y allí dediqué mi vida a aprender el oficio de hechicera, efectivamente, venerable Pan.- respondió la chica.
- Ya me parecía a mi- dijo él sonriendo de nuevo - pues bienvenida a nuestra isla, nos va a venir muy bien un poco de magia.
Ante estas palabras de acogida, Potnia sintió una enorme familiaridad con el grotesco personaje que tenía en frente, tal vez porque era agreste y medio animal, como ella.
El dios Pan fue su primero amigo en la isla, el que le enseño todos los lugares, poblados y costumbres... y quien la ayudó a descubrir su verdadera identidad... a su manera, claro..."

lunes, 3 de septiembre de 2012

LA DAMA DE LAS SERPIENTES (Capítulo Segundo)

    Durante 17 años, los brujos le enseñaron a Potnia las artes de la magia y la nigromancia, ocupación a la que ella se entregó con verdadera pasión.

No obstante, debido a su naturaleza híbrida, los habitantes del poblado nunca la aceptaron.
Así pues, Potnia solía refugiarse en la compañía de los animales, pues,  aunque la fauna de los pantanos era fría y viscosa, nunca se sentía juzgada por ella. Es más, prefería su natural amoralidad, antes que las rígidas leyes despectivas con las que la trataban en el poblado.

Aún así, la chica estaba resignada a vivir para siempre entre los gromios, donde se sentía a salvo de su profecía, ya que Stutgard sólo tenía hijos varones.
Sin embargo, una sorprendente noticia cambió el rumbo de los acontecimientos: los brujos le habían encontrado marido. ¿Pero quién se iba a querer casar con una bruja medio nívea? Tan sólo el viejo Numis, que tenía 50 años, los dientes podridos por la enfermedad, y todo el mundo sabía que habia envenado a su primera mujer con belladona.
Cuando Potnia se enteró de aquello, un fuerte "no" empezó a rugir en su pecho. Así que esa misma noche fabricó un potente narcótico con la flor del sueño, y lo echó en la bebida de los brujos.
Cuando estos quedaron profundamente dormidos, abandonó el poblado sin echar por un momento la vista atrás. Su objetivo era reunirse con su madre, en las tribus Níveas del Sur.
Poca gente sobreviría a una noche en los pantanos, pero sus peores depredadores, las grandes serpientes, a ella no le hacían daño.

Durante muchos días, la chica recorrió una larga distancia, siguiendo un mapa que los brujos habían guardado a buen recaudo.
A lo largo de este viaje, Potnia percibió como, poco a poco, el barro oscuro que llevaba en su sangre se iba limpiando, y sus pulmones se liberaban del aire insano de los pantanos.

Y un atardecer cálido y despejado, llegó al luminoso poblado de los Níveos, que parecía resbalar por la playa, como una duna clara al lado del mar.
Una vez dentro del pueblo, comenzó a preguntar por Lódinel, pero sus rasgos y su vestimenta gromia provocaban un silencioso desprecio entre sus habitantes. Tan sólo una anciana se compadeció de ella, y a escondidas le indicó la casa de su madre. Potnia aprovechó su amabilidad para preguntarle si Lódinel tenía alguna hija.
   -La desventurada Lódinel no tiene hijos, ya que rechazó todo contacto con varón, desde que un Gromio la forzó, hace cerca de 20 años.- Respondió la anciana.
La muchacha se entristeció por su madre, pero al mismo tiempo se alegró de que su profecía no se pudiese llevar a cabo. Así pues, temblando de emoción, llamó a la puerta de su madre. Pero la reacción de Lódinel fue para Potnia completamente inesperada.
   - ¡No quiero saber de tí, eres el resultado de mi vergüenza! ¡Tan sólo me recuerdas que he sido ultrajada por un inmundo animal de los pantanos!- Le gritó la Nívea.
Esas terribles palabras fueron para la chica como una lluvia de espinas, que le hicieron ver la realidad: los Níveos eran una raza hermosa, pero ignorante y fría, que despreciaba todo aquello que desconocía, y por encima de todo despreciaban a los gromios. Nunca sería aceptada por ellos, y aquel poblado nunca podría ser su hogar.

Destrozada por el descubrimiento, se fue corriendo a la playa, sin saber hacia donde huír. A lo lejos percibió la silueta de una isla, y tomó una decisión desesperada: navegaría hacia aquel lugar, y buscaría un refugio donde vivir, lejos de todos, sólo rodeada de los animales y las plantas, y dedicaría el resto de su vida a aprender  unos conjuros que no le aprovecharían a nadie.

Cogió una barca que había allí cerca, y llamó a los silfos del viento para que le fuesen favorables. Pronto se levantó una fuerte brisa que la empujó hacia su nuevo destino.

domingo, 2 de septiembre de 2012

LA DAMA DE LAS SERPIENTES (Capítulo Primero)

"Pasad, mis iniciados, no os asustéis por mi aspecto, introducíos en la gruta de la diosa.
Con el fin de llegar hasta aquí, habéis tenido que partir del Cerámico, el sombrío cementerio, para después tomar la Vía Sagrada. Por el camino habéis gritado obscenidades en honor a Yambé y habéis cumplido con el obligado ayuno. Así pues, ya estáis preparados para enfrentaros a la parte máis importante de estos sagrados misterios, donde se os revelará el mayor secreto de nuestra fértil isla.
Junto al fuego encontraréis la vasija portadora del mágico néctar- Debéis beber de ella, para que las divinas visiones acompañen a mis palabras.
Bien, los ánimos ya están predispuestos, así que llegó el momento: Os voy a desvelar la verdadera historia de nuestra diosa protectora, la arcana Leyenda de la Dama de las Serpientes.

    "Los orígenes de Nuestra Señora no fueron demasiado gloriosos: su padre, Stutgard, era uno de los Gromios de las pantanosas tierras del Norte; el cual secuestró y violó a su madre, Lódinel, de las tribus Níveas del sur.
La forzó en un páramo desierto mientras una terrible tormenta asolaba los cielos. Durante la agresión, la Nívea trataba de huír mentalmente del horror, y para eso dirigió la vista a las montañas. En ese momento un débil rayo de sol comenzó a surgir por entre las nubes de aquella pesadilla, mientras una serpiente de siete colores se arqueaba sobre los montes.
Lódinel se concentró tanto en aquella visión, que, en el momento de la descarga, pensó que era la Serpiente, y no Stutgard, la que la tenía atrapada con toda la fuerza de sus anillos.

Nueve meses más tarde, Lódinel dio a luz a una niña, con una mirada tan penetrante, que se la tuvo que cubrir cuando la abandonó al lado de los pantanos, esperando que la tribu de los Gromios se ocupara de ella.
Cuando la vieja Asgrud la encontró, la chiquilla ya llevaba un tiempo llorando. Pero, al levantar la piel de conejo que la tapaba, descubrió varias serpientes durmiendo junto a ella. Así que, movida por un sentimiento más supersticioso que maternal, decició llevarla hasta el interior de las tierras pantanosas. Los brujos del poblado decidirían su destino.

Una vez que la niña llegó a la cabaña de los rituales, los brujos la pincharon en un dedo, y quemaron una gota de su sangre. Inmediatamente, Upas, el más viejo de ellos, entró en un fuerte trance y sentenció:
 -Esta niña llevará el nombre de Potnia, y será bruja.
Los otros hechiceros quedaron paralizados ante la contundencia de tales palabras.
-En su sangre está escrita la profecía -continuó- cuando la bruja Potnia, la hija de la Gran Serpiente, ayude al Toro a dar muerte a su hermana, comenzará una era resplandeciente, en la que el tiempo se medirá en granos de oro.
Los brujos no entendieron el vaticinio, pero se acercaron a la silenciosa pequeña, que se les quedó mirando. Y esa mirada profunda de recién nacida de 100 años, demostró que no podía ser otra cosa más que una bruja: dentro de ella ya estaba el conocimiento, al que sólo le faltaba el descubrimiento.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Periodo de latencia

El vivir y el estudiar por ahora me impiden escribir. Generando savia nueva.

viernes, 7 de enero de 2011

La Leyenda de "La Dorada"

Se dice que si te introduces tierra adentro, atravesando montañas gastadas por la lluvia, navegando entre la niebla y las sombras, acabarás llegando a una tierra en la que los entes de la selva se han quedado a vivir, en la que todo es centenario. En este lugar el polvo se te impregna en la piel, y el barro te llena los pies de raíces, para que te alimentes de tu propio origen, absorviendo minerales igual que lo hacen las plantas.
También cuentan que al llegar enero, la luna llena brilla con tal furia que las gatas se abalanzan a los ojos de los perros, delirantes y suicidas, y los machos tienen el corazón más grande.
Los antiguos habitantes de esta tierra la llamaron "La Dorada", porque decían que en el interior de los ríos brillaban piedras de oro, y aún hoy mucha gente las busca en vano, porque, por lo visto, es una leyenda.

Sin embargo, en este lugar se generó una triste paradoja, ya que cualquiera pensaría que  "La Dorada" sólo podría engendrar sabios... nada más lejos.
Una raza de criaturas de pelo plateado creció en un medio salvaje, aislada de un mundo que, despectivo, prefirió cuidar de las tierras ricas. Conscientes de ese aislamiento, las criaturas desarrollaron un carácter orgulloso y desconfiado.
Unos pocos de ellos, enfermos de avaricia, decidieron aprovecharse de antiguos ideales y viejos complejos, en su propio provecho.
Su sistema básicamente consistía en esto: Pan a cambio de Poder.
Las criaturas que aceptaban el trato se aseguraban el sustento, pero debían vasallaje de por vida. Aún así lo hacían gustosas, pues pensaban que era el único modo de ganarse la vida, y además en cierto modo se identificaban con su Señor, pues era una costumbre heredada desde lo más antiguo.
Esto enfermó a la comunidad, porque los vasallos sabían que no habían hecho nada para ganarse su lugar, y sólo podían responder con violencia y cerrazón ante los que no aceptaban el vasallaje. Y pronto disfrazaron su falta de principios con vanidad, convencidos de que entrando en este sistema caciquil, se convertían en privilegiados.
Esa actitud generó la animadversión por parte de los que, voluntaria o involuntariamente, se quedaron fuera, y acabaron creando un grupo contrario al dominante. Parecían el grupo de la vuelta a la salud, a la razón, y a la justicia... pero de tanto perseguir al mal, acabaron contaminados, y en sus escasos momentos de poder, optaron por seguir los mismos métodos que tanto habían criticado, pisoteando las esperanzas de los que querían seguir creyendo en tiempos mejores.

Así, que en La Dorada, parece una tierra asfixiada en una organización social artificial, inmovilista e injusta. Antinatural en todos los sentidos.
Sin embargo, los entes silvestres que se han quedado a vivir, observan desde lo lejos, conscientes de que no se puede parar el tiempo, de que todo fluye, más o menos rápido, y que por muchos diques que le pongan a la evolución, esta acabará rompiéndolos con el simple peso de la realidad, que está por encima de cualquier sistema.

sábado, 27 de noviembre de 2010

La Falacia del Caos (Anexos)

A pesar de que mi visión de los comportamientos sociales, es mucho más confusa que mi visión de los comportamientos individuales, creo que el post anterior necesita unas últimas puntadas.
¿Por qué la sociedad humana  es tan desequilibrada, cuando nuestra verdadera naturaleza no lo es? He aquí una posible respuesta:
Cualquier don o cualidad tiene su parte positiva o negativa, el ser humano posee un afán de superación mucho mayor que el de cualquier especie del planeta tierra, esto ha provocado por una parte, que hayamos conseguido avances mentales extraordinarios, pero por otra, ha puesto en movimiento la rueda de la ambición y la insatisfacción constante, que gira ya por inercia.
En positivo, este es un mecanismo que nos lleva hacia la evolución; en negativo, y poniéndonos apocalípticos, es el mismo mecanismo que nos puede llevar a la extinción.
A mayores, yo le sumaría las últimas circunstancias históricas que nos han tocado vivir. El siglo XX ha sido un siglo de rupturas, el momento en que las masas pudieron acceder a la información y a la realidad, y el momento en que se pasó de pensar que este mundo era un valle de lágrimas por el que no merecía la pena esforzarse, a pensar que nada es imposible. Y éstas son las dos caras de la misma moneda que nos llevan a un callejón sin salida; ya que la verdadera evolución implica cambiar de moneda.
El caso, cuando el hombre occidental tuvo que aceptar que no había un dios, optó por creer que él mismo era un dios, por encima del bien y del mal, y con infinitas posibilidades, como creen los niños. Y cualquiera que tenga dos dedos de frente es consciente de que hay limitaciones, y no tenemos que sentirnos inútiles por ello.
La cuestión es que, ante este panorama, mucha gente es incapaz de aceptar sus limitaciones, y no soportan que haya alguien por encima de ellos, pero siempre va a ser así, y se obsesionan por medrar, aplastando, aprovechándose, abusando o maltratando. Y por otro lado están los resignados, que creen que no ser dios implica ser un gusano, y se cruzan de brazos en un nihilismo aburrido que los convierte en zombies. Una tercera opción es aceptar nuestras limitaciones, y sacarle partido a nuestras cualidades, porque nunca dejamos de aprender, (aunque es cierto que, por desgracia, no todos partimos con las mismas ventajas, y según donde nazcas lo vas a tener más fácil o más difícil). De cualquier modo, esta última opción pasa bastante desapercibida en un mundo donde domina sobre todo la primera.
¿Esto es producto del sistema capitalista, o es esa mentalidad la que ha generado ese sistema? parece que se retroalimenta.
Como nota positiva, creo que el mundo evoluciona en ciclos, en espirales, y aunque ahora nos encontremos en la parte baja de la espiral, (en la que pululan todo tipo de personas contaminantes, corrompidas por el poder, o por las ansias de éste), de todo vamos a aprender, y confiemos en que, la tendencia natural al equilibrio que vive en todo organismo sea el que transforme el excesivo sistema actual en una organización humana más armónica, al menos durante unos años, y que nosostros lo veamos.

sábado, 6 de noviembre de 2010

La falacia del Caos

Ilustración: Adabel Allen
Cuanta más lucidez adquiero, cuanta más sinceridad pretendo, cuanto más aprendo a diferenciar una esencia de un perfume, más me convenzo de que el estado natural de las cosas es el equilibrio.
Naturalmente todo está en movimiento, y tiende a desajustarse, naturalmente hay crisis, pero no hay que pensar que  esas crisis sean el estado eterno de las circunstancias.

¿Y de dónde saco las pruebas para afirmar esa tendencia natural a la armonía? lo que a mí me llama la atención, es que la mayor parte de la gente no sea consciente de ellas, están en mi gata, están el los movimientos de los planetas, están en cualquier ecosistema, están en todos los seres humanos, si queremos.
Con esto no quiero decir que la armonía se encuentre sólo en la calma o el silencio, la armonía no es homogénea, hay tanto equilibrio en las cataratas del Niágara, como en cualquier poza de mi pueblo, la diferencia no es cualitativa, es cuantitativa. Del mismo modo tampoco pretendo que lo justo esté sólo en la creación, también hay justicia en ciertas formas de destrucción, y en el instinto ruidoso.

Y para decir esto no hace falta escudarse en ningún tipo de religión, es más, deberíamos acudir al sentido común del ateísmo; desde el politeísmo aristocrático de las civilizaciones antiguas, al monoteísmo patriarcal de las judeo-cristianas, la idea de Dios ha confundido mucho la verdadera visión de las cosas. ¿Por que ver a la creación de un modo unidireccional? La creación no es una pirámide, es una red, es la combinación de todas las fuerzas del universo que interaccionan entre sí, y todas las leyes químicas y físicas lo demuestran. Y el universo sabe que lo mejor para todos es que esas fuerzas se equilibren, que dancen.  Este no es un pensamiento amplio, nuestro propio cuerpo es un universo, y sigue las mismas leyes.

Entonces, ¿Por qué hay tanto desequilibrio en la sociedad humana?, ¿Por qué tanta gente desea más de lo que necesita? No lo sé, porque si el cuerpo humano es universo, su estado natural es armónico (aunque haya que trabajarse esa salud).
Pero creo que en el ser humano actual la "superación" de las creencias represivas se ha realizado de mala manera, no están realmente superadas, sólo dadas la vuelta. La represión produce exceso, y ambos extremos me parecen artificiales.
Creo que la ruptura del siglo XX tuvo sentido en su momento, pero porque sabían lo que estaban rompiendo, sabían contra lo que se rebelaban, era un momento de caos liberador previo a la calma.
Y creo que el actual caos no sabe lo que rompe, es algo que continúa por inercia, el péndulo que oscila contínuamente en esos dos extremos odiosos.
Confiemos que la fuerza que mueve  ese péndulo poco a poco vaya muriéndose, y con ella todo lo absurdo de nuestra civilización decadente.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Fabulando...

Ilustración: Ana Juan
Un hombre llega a una encrucijada:
  El  camino de la izquierda lo lleva a un paraíso, en el que cinco personas disfrutan plácidamente de la existencia, se les ve en armonía, satisfechos con lo que son y lo que tienen.
  El camino de la derecha lo lleva a un lugar gris y ruidoso en el que una multitud compite desordenamente entre sí, por el disfrute de ser mejor que los demás, el premio... sentirse superior... pero siempre hay alguien por encima, y la competición no termina nunca.
  Los habitantes del Paraíso se ven orgánicos pero precisos. Lo activo y lo pasivo, la destrucción y la creación, el ruido y el silencio, la sangre y la luz, giran en su interior con el ritmo lógico de las esferas.
  Los habitantes del mundo ruidoso son pobres en estructura y excesivos en apariencia. Se mueven a gritos, con energías que surgen de sus capas más externas, porque no tienen tiempo de poner en movimiento los verdaderos ejes maestros de su maquinaria. Y consiguen lo que quieren, pero una vez superada la sensación de triunfo, se quedan vacíos.

El viajero no se lo piensa dos veces y toma el camino de la derecha.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Metáforas...

Ilustración: Remedios Varo
El camino más breve para que un escritor llegue a mi núcleo, es la metáfora.
Me explico:
Cuando alguien expresa emociones de una manera tan clara que llega a ser simple, yo lo visualizo como una pared de cristal, y mi reacción más inmediata es levantar mi propia pantalla protectora, sus palabras no me penetran.
Cuando alguien expresa emociones con metáforas certeras, siento como si me las inyectasen directamente en el corazón, como si se las susurrasen a mi subconsciente, haciéndole cosquillas.
Así veo yo a la metáfora, como el estado más lúdico de la literatura, la palabra hecha instinto.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Proximamente... (aunque va para largo)

ILustración: Jorge Morais Valle
 Si en el instante de tu muerte, un niño llora a gritos dentro de tí, esa es la prueba de que no has vivido, de que el nombre que te han dado al nacer nunca ha sido más que aire.


Ahora es el momento de abandonar la jaula sin puertas, salvar el abismo... y echar a volar.

domingo, 19 de septiembre de 2010

El Brillo de los Caracoles

Al llegar la primavera, Ángel pensó que era hora de buscar trabajo.
Vivía con su abuelo en un piso tan viejo, que las llaves de la luz eran realmente "llaves", de las que se giran. A lo mejor no las tuvieron que cambiar nunca porque al fin y al cabo, la luz casi siempre la tenían cortada por falta de pago; y así andaban, entre velas y focos de esos cuadrados que casi siempre son rojos.
El abuelo de Ángel era tan viejo que las arrugas de los ojos apenas lo dejaban ver y, obsesionado por las otitis, siempre llevaba una gorra de aviador. Así que se parecía bastante a un perro de perdices.
Ambos vivían de la paga de este último, que no era precisamente una fortuna, porque el viejo había cotizado lo mínimo, todo lo que le había permitido su "sueldo" de quincallero.
De su época de quincallero conservaba la citada pensión vitalicia y recetas de cocina infernales. Solía preparar un asqueroso mejunje en el que mezclaba leche, unto, carne, pan revenido, harina y cualquier cosa que encontrase a mano, y lo cocía todo en una olla de la que ambos comían. Ángel, acostumbrado desde niño, nunca protestó por tal almuerzo.
Alimentado con tanta proteína, el muchacho salió fuerte y alto, pero de piel más bien amarilla; aunque tenía un cabello realmente lustroso, pero eso se lo debía al jabón Lagarto.

Pues en esa primavera Ángel se quiso poner a trabajar, ya que parecía que su abuelo se arrugaba a ojos vista, y por algunos detalles se dio cuenta de que empezaba a estar senil, entre ellos la manía de querer salir desnudo a la calle.
Así que en abril empezó a mirar ofertas de trabajo, y se dio cuenta de que no lo iba a tener fácil. Pero hubo algo que le llamó mucho la atención, la posibilidad de dedicarse a la cría de caracoles. Precisamente tenía una oportuna huerta detrás de su casa.
Conque llamó al número que venía en la oferta de trabajo, y un hombre le explicó con acento catalán todo lo que necesitaba para la cría de los animales.
-¿Que tienes un terreno?, pues te recomiendo la cría extensiva, neng, mejor calidad, sin empleados, menos inversión inicial... y sólo dos años hasta poder vender los primeros cargols.
¿Dos años? un cerdo engorda antes. Pero Ángel sabía ser paciente.
Pronto construyó las instalaciones de su granja, y para evitar gastos, salió al bosque a buscar sus propios caracoles. Finalmente lo tuvo todo listo, y se fue a acostar muerto de cansancio, pero muy ilusionado.
Aunque todo se le vino a abajo cuando, a la mañana siguiente, se despertó con el ruido de una bandada de estorninos, salió a su huerta temiéndose lo peor, y efectivamente, los pájaros habían invadido su granja, sin dejar supervivientes. El grito de furia y desesperación de Ángel espantó a los estorninos que salieron en desbandada.
Pero no se rindió, barrió las conchas de los caracoles, volvió a salir al campo, trajo más caracoles, y, por supuesto, cubrió la huerta con una red metálica a prueba de pájaros.
Y se fue a acostar, ya era mayo y el calor empezaba a apretar fuerte.
A la mañana siguiente Ángel se despertó dispuesto a trabajar en su granja, pero de nuevo se le cayó el alma a los pies cuando se encontró a todos sus animales muertos.
Desolado, se dejó caer de rodillas en aquel campo lleno de cadáveres, preguntándose una y otra vez, "¿Por qué?"; hasta que él mismo encontró la respuesta, no se había acordado de dejarles agua, y los caracoles habían muerto de sed.
De nuevo un grito de desesperación, esta vez culpable, inundó parte de la ciudad antigua.
Pero no se rindió, barrió las conchas de los caracoles, volvió a salir al campo, trajo más caracoles, y colocó aspersores por toda la huerta.
Esa noche se acostó lleno de temor y preocupaciones, pero, cuando a la mañana siguiente abrió temeroso la puerta que daba a su granja, quiso llorar de emoción al ver a todos sus animales vivos y saludables. Con una sonrisa de completa felicidad recorrió con la vista lo que a él le pareció una estampa de postal, caracoles deslizándose, caracoles comiendo lechuga, caracoles... un momento, ¿qué era ese olor?, ¿miles de caracoles haciendo qué? una fina capa de excrementos cubría todo el terreno. ¿Se suponía que debía limpiar eso todos los días?. Después de lo que se había esforzado se sintió incapaz de sobrellevar lo que se le venía encima, y se tiró de espaldas sobre la tierra, derrotado.
Ojeroso y deprimido giró la cara y vio a dos caracoles que se acercaban el uno al otro, como no tenía ganas de moverse se dedicó a observarlos. Los caracoles se reconocieron tímidamente con los cuernos, luego se rozaron con cuidado, acariciándose mútuamente con sus cuerpos suaves y húmedos, y finalmente se enredaron en un abrazo en espiral, lento y lleno de explosiones de burbujas densas. Ángel se dejó llevar por la fascinación, no sólo por la belleza del acto de amor hermafrodita que estaba presenciando, si no también por la duración de éste. Cuando ambos animales se despidieron con un cariñoso beso, ya había pasado la hora de comer.

Cuando todo acabó, el chico reaccionó como despertando de un sueño, convencido de haber tenido una revelación. Había recuperado todas sus energías al descubrir su verdadera vocación, el caracol era un animal maravilloso y todo el mundo debería saberlo.

Así que creó un logotipo para su empresa y lo estampó en varias camisetas para él y para su abuelo, y recorrió todos los bares de la ciudad alabando las excelencias de su producto, con tal pasión que convencía porque emocionaba.
-El caracol es un animal con gran vida interior, y esto se debe a que lo guarda todo en una concha con forma de espiral. A pesar de la dureza de su caparazón, su gran sensibilidad se hace evidente cuando le rozas los cuernos, son tan delicados que se encogen sólo con el aliento.
-Esta vida interior es tan intensa, que siempre les rebosa, y tienen que descargarla en sendas brillantes allá por donde pasan.
-Pero como su carne es sabia, la mayor parte del tiempo se dedican a comer y a reproducirse, se enredan y acarician durante horas para poder penetrarse entre ellos, porque son tan completos, que por tener, tienen dos sexos.
-Y como disfrutan del momento, nunca tienen prisa por nada. Además saben a marisco, qué más se les puede pedir.

Así que, con tal publicidad, toda la ciudad se llenó de bolsitas de red con babas colgantes. Y el abuelo de Ángel tuvo dos razones para salir a la calle con sombrero de aviador.
De éste modo, Ángel y su abuelo por fin tienen luz y gas ciudad, y el brillo plateado de las babas de los caracoles en la fachada de su casa, para el chico es pura poesía.

jueves, 16 de septiembre de 2010

O Conto dos Silencios

Ilustración: Rodrigo Chao
Como lo escribí yo, me permito recomedar este cuento supuestamente infantil.
Y le voy a robar una frase a una persona muy inteligente para definirlo: Es un cuento para niños que sólo van a entender unos pocos adultos.
Ahora, que si lo entendiera todo el mundo, mejor que mejor

En fin, para los que aman la música, pero que saben que el ser humano es lo más importante.
Y para los que odian el desprecio por lo diferente.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Guerreros y Sabios

CAPÍTULO TERCERO


Cuando estaba cercano el amanecer, él, ya tranquilo la acariciaba.
-Tienes la piel suavísima.
A la chica la asombró la luz que parecía salir de los ojos del guerrero cuando estaba contento, y este comentario la animó a confesarle.
-Sé que no lo harás, pero me encantaría que me llevaras contigo, conocería lugares y personas distintos. Tú eres más ágil y carismático, pero yo soy más sólida. Tú me enseñarías a manejar el ruido, yo te enseñaría a conocer el subsuelo. Tú me protegerías de las bestias externas, y yo te protegería de las bestias internas. Tú energía serviría para activarme, y para tí la mía sería como un bálsamo. Y nos reiríamos mucho juntos, de eso sí que estoy segura.
-No puede ser, preciosa, yo ya tengo a mi princesa, y muchas batallas por librar. En la guerra hay otras leyes, no hay lugar para la justicia y tú no podrías soportarlo. Me gustas mucho, pero me traerías problemas. ¿te crees que no lo he pensado? Lo he pensado y no puede ser.
-A pesar de que siempre dudo, no suelo equivocarme. Sé que lo pasaríamos muy bien juntos, pero también sé que te gusta tu vida, y que no quieres que cambie, y contra tu voluntad no puedo hacer nada.
Él la abrazó fuerte y se quedó dormido, ella tardó un poco más.

Cuando se despertó al día siguiente, él ya no estaba. A ella no le importó demasiado, no le gustaba hablar por las mañanas. Salió de la cueva y se encontró al guerrero sentado en una piedra, mirando hacia ningún sitio, y en su rictus vio algo en lo que no había reparado hasta ese momento: El guerrero también era un asesino, su supervivencia cotidiana consistía en matar o ser matado, y el peso de todos sus muertos se reflejaba en su mirada como una luz negra.
Al darse cuenta de ésto, ella se vio enredada en un extraño sentimiento, no deseó alejarse de él sino todo lo contrario, una fuerza magnética lo empujaba hacia el guerrero porque quería introducirlo dentro de su útero, protegíendolo de sí mismo.
Pero sabía que esa idea era absurda, él nunca lo permitiría, y en cualquier caso, ella tampoco tendría fuerzas.
Así que, apretó los puños y volvió a internarse en su gruta. Dejándose parte de las entrañas junto a él. Lo quería, lo quería mucho, y por eso él debería marcharse.
Guerreros y sabios nunca fueron buenos compañeros de lecho.


                                                                                  FIN

viernes, 3 de septiembre de 2010

Guerreros y Sabios

CAPÍTULO SEGUNDO


Mientras cenaban, el guerrero se decidió a preguntar
-¿Y que hace una chica tan guapa como tú en una caverna como esta?
Ella desvió la pregunta, -¿Te parezco guapa? Me extraña, siendo tú un guerrero.
-¿Y eso qué tiene que ver?
-Por naturaleza los guerreros sólo se sienten atraídos por princesas, o por guerreras tan portentosas como ellos.
-Bueno, por lo que veo, tú también sabes manejar un arma.
-Me estaba defendiendo. En el día a día ya tengo que librar suficientes batallas para sobrevivir, no tengo fuerzas ni ganas para entrar en las guerras que promueven los poderosos.
El guerrero sonrió casi con ternura ante aquel ataque directo, habia mucha gente que no se atrevía a llevarle la contraria.
-En fin, - insistió- no me has dicho qué haces en esta cueva.
-Aprendo cosas- accedió a contestar ella- investigo, compruebo, analizo, observo. No eres el primero que pasa por mi caverna, de vez en cuando viene algún viajero y yo les pido que me cuenten cosas de su vida y de sus viajes, o de cualquier propiedad que conozcan de una planta o una roca. Te sorprenderían las historias que te cuenta la gente si sabes escuchar. Nunca me canso, quiero entender. Y tú, ¿de dónde vienes?
-De una ciudad con mar.
-Ah, me gustan las ciudades con mar, parece que hay horizonte. Cuando aprenda lo suficiente, puede que me vaya a vivir a una. Me gusta la visión de la gente que vive al lado del mar.
-¿Aunque sean guerreros?- bromeó él
-Bueno, no lo sé, los guerreros sólo véis las cosas grandes.
-Muchas veces hay que mirar hacia arriba para derrotar a los que siempre están en lo alto.
-¿Y ocupar vosotros su lugar? "Quien persigue toda su vida al dragón, acaba convirtiéndose en el dragón."
El guerrero volvió a sonreír, le costaba enfadarse con ella.
-A lo largo de mis viajes he conocido a mucha gente, me he emborrachado, me he divertido, he estado con muchas mujeres y me he peleado con muchos hombres. Como vés, a mí también me gusta aprender.
Un brillo de envidia y admiración se dejó ver en la mirada de la chica.
-¿Y tienes alguna princesa guerrera en algún lugar del mundo?
-Sí.
Ella bajó la cabeza.
-Pero tú me gustas, y me gustas mucho.
Ella vio como se le acercaba, y no trató de apartarlo. La verdad es que no pasaban muchos guerreros por su cueva; así que cuando se inclinó hacia ella, el cerebro se le nubló y respondió casi de manera involuntaria. Él tenía la piel tan cálida que parecía que despendía vapor, y la chica pensó que aquello era generoso. Luego ya no pensó más.
Durante toda la noche apenas durmieron nada, y cuando al guerrero lo vencía el cansancio, ella lo acariciaba para despertarlo, con la ansiedad de lo breve. Tenía miedo de que él desapareciese en el medio de un sueño.