Se dice que si te introduces tierra adentro, atravesando montañas gastadas por la lluvia, navegando entre la niebla y las sombras, acabarás llegando a una tierra en la que los entes de la selva se han quedado a vivir, en la que todo es centenario. En este lugar el polvo se te impregna en la piel, y el barro te llena los pies de raíces, para que te alimentes de tu propio origen, absorviendo minerales igual que lo hacen las plantas.
También cuentan que al llegar enero, la luna llena brilla con tal furia que las gatas se abalanzan a los ojos de los perros, delirantes y suicidas, y los machos tienen el corazón más grande.
Los antiguos habitantes de esta tierra la llamaron "La Dorada", porque decían que en el interior de los ríos brillaban piedras de oro, y aún hoy mucha gente las busca en vano, porque, por lo visto, es una leyenda.
Sin embargo, en este lugar se generó una triste paradoja, ya que cualquiera pensaría que "La Dorada" sólo podría engendrar sabios... nada más lejos.
Una raza de criaturas de pelo plateado creció en un medio salvaje, aislada de un mundo que, despectivo, prefirió cuidar de las tierras ricas. Conscientes de ese aislamiento, las criaturas desarrollaron un carácter orgulloso y desconfiado.
Unos pocos de ellos, enfermos de avaricia, decidieron aprovecharse de antiguos ideales y viejos complejos, en su propio provecho.
Su sistema básicamente consistía en esto: Pan a cambio de Poder.
Las criaturas que aceptaban el trato se aseguraban el sustento, pero debían vasallaje de por vida. Aún así lo hacían gustosas, pues pensaban que era el único modo de ganarse la vida, y además en cierto modo se identificaban con su Señor, pues era una costumbre heredada desde lo más antiguo.
Esto enfermó a la comunidad, porque los vasallos sabían que no habían hecho nada para ganarse su lugar, y sólo podían responder con violencia y cerrazón ante los que no aceptaban el vasallaje. Y pronto disfrazaron su falta de principios con vanidad, convencidos de que entrando en este sistema caciquil, se convertían en privilegiados.
Esa actitud generó la animadversión por parte de los que, voluntaria o involuntariamente, se quedaron fuera, y acabaron creando un grupo contrario al dominante. Parecían el grupo de la vuelta a la salud, a la razón, y a la justicia... pero de tanto perseguir al mal, acabaron contaminados, y en sus escasos momentos de poder, optaron por seguir los mismos métodos que tanto habían criticado, pisoteando las esperanzas de los que querían seguir creyendo en tiempos mejores.
Así, que en La Dorada, parece una tierra asfixiada en una organización social artificial, inmovilista e injusta. Antinatural en todos los sentidos.
Sin embargo, los entes silvestres que se han quedado a vivir, observan desde lo lejos, conscientes de que no se puede parar el tiempo, de que todo fluye, más o menos rápido, y que por muchos diques que le pongan a la evolución, esta acabará rompiéndolos con el simple peso de la realidad, que está por encima de cualquier sistema.
.
Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones múltiples. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones múltiples. Mostrar todas las entradas
viernes, 7 de enero de 2011
sábado, 27 de noviembre de 2010
La Falacia del Caos (Anexos)
A pesar de que mi visión de los comportamientos sociales, es mucho más confusa que mi visión de los comportamientos individuales, creo que el post anterior necesita unas últimas puntadas.
¿Por qué la sociedad humana es tan desequilibrada, cuando nuestra verdadera naturaleza no lo es? He aquí una posible respuesta:
Cualquier don o cualidad tiene su parte positiva o negativa, el ser humano posee un afán de superación mucho mayor que el de cualquier especie del planeta tierra, esto ha provocado por una parte, que hayamos conseguido avances mentales extraordinarios, pero por otra, ha puesto en movimiento la rueda de la ambición y la insatisfacción constante, que gira ya por inercia.
En positivo, este es un mecanismo que nos lleva hacia la evolución; en negativo, y poniéndonos apocalípticos, es el mismo mecanismo que nos puede llevar a la extinción.
A mayores, yo le sumaría las últimas circunstancias históricas que nos han tocado vivir. El siglo XX ha sido un siglo de rupturas, el momento en que las masas pudieron acceder a la información y a la realidad, y el momento en que se pasó de pensar que este mundo era un valle de lágrimas por el que no merecía la pena esforzarse, a pensar que nada es imposible. Y éstas son las dos caras de la misma moneda que nos llevan a un callejón sin salida; ya que la verdadera evolución implica cambiar de moneda.
El caso, cuando el hombre occidental tuvo que aceptar que no había un dios, optó por creer que él mismo era un dios, por encima del bien y del mal, y con infinitas posibilidades, como creen los niños. Y cualquiera que tenga dos dedos de frente es consciente de que hay limitaciones, y no tenemos que sentirnos inútiles por ello.
La cuestión es que, ante este panorama, mucha gente es incapaz de aceptar sus limitaciones, y no soportan que haya alguien por encima de ellos, pero siempre va a ser así, y se obsesionan por medrar, aplastando, aprovechándose, abusando o maltratando. Y por otro lado están los resignados, que creen que no ser dios implica ser un gusano, y se cruzan de brazos en un nihilismo aburrido que los convierte en zombies. Una tercera opción es aceptar nuestras limitaciones, y sacarle partido a nuestras cualidades, porque nunca dejamos de aprender, (aunque es cierto que, por desgracia, no todos partimos con las mismas ventajas, y según donde nazcas lo vas a tener más fácil o más difícil). De cualquier modo, esta última opción pasa bastante desapercibida en un mundo donde domina sobre todo la primera.
¿Esto es producto del sistema capitalista, o es esa mentalidad la que ha generado ese sistema? parece que se retroalimenta.
Como nota positiva, creo que el mundo evoluciona en ciclos, en espirales, y aunque ahora nos encontremos en la parte baja de la espiral, (en la que pululan todo tipo de personas contaminantes, corrompidas por el poder, o por las ansias de éste), de todo vamos a aprender, y confiemos en que, la tendencia natural al equilibrio que vive en todo organismo sea el que transforme el excesivo sistema actual en una organización humana más armónica, al menos durante unos años, y que nosostros lo veamos.
¿Por qué la sociedad humana es tan desequilibrada, cuando nuestra verdadera naturaleza no lo es? He aquí una posible respuesta:
Cualquier don o cualidad tiene su parte positiva o negativa, el ser humano posee un afán de superación mucho mayor que el de cualquier especie del planeta tierra, esto ha provocado por una parte, que hayamos conseguido avances mentales extraordinarios, pero por otra, ha puesto en movimiento la rueda de la ambición y la insatisfacción constante, que gira ya por inercia.
En positivo, este es un mecanismo que nos lleva hacia la evolución; en negativo, y poniéndonos apocalípticos, es el mismo mecanismo que nos puede llevar a la extinción.
A mayores, yo le sumaría las últimas circunstancias históricas que nos han tocado vivir. El siglo XX ha sido un siglo de rupturas, el momento en que las masas pudieron acceder a la información y a la realidad, y el momento en que se pasó de pensar que este mundo era un valle de lágrimas por el que no merecía la pena esforzarse, a pensar que nada es imposible. Y éstas son las dos caras de la misma moneda que nos llevan a un callejón sin salida; ya que la verdadera evolución implica cambiar de moneda.
El caso, cuando el hombre occidental tuvo que aceptar que no había un dios, optó por creer que él mismo era un dios, por encima del bien y del mal, y con infinitas posibilidades, como creen los niños. Y cualquiera que tenga dos dedos de frente es consciente de que hay limitaciones, y no tenemos que sentirnos inútiles por ello.
La cuestión es que, ante este panorama, mucha gente es incapaz de aceptar sus limitaciones, y no soportan que haya alguien por encima de ellos, pero siempre va a ser así, y se obsesionan por medrar, aplastando, aprovechándose, abusando o maltratando. Y por otro lado están los resignados, que creen que no ser dios implica ser un gusano, y se cruzan de brazos en un nihilismo aburrido que los convierte en zombies. Una tercera opción es aceptar nuestras limitaciones, y sacarle partido a nuestras cualidades, porque nunca dejamos de aprender, (aunque es cierto que, por desgracia, no todos partimos con las mismas ventajas, y según donde nazcas lo vas a tener más fácil o más difícil). De cualquier modo, esta última opción pasa bastante desapercibida en un mundo donde domina sobre todo la primera.
¿Esto es producto del sistema capitalista, o es esa mentalidad la que ha generado ese sistema? parece que se retroalimenta.
Como nota positiva, creo que el mundo evoluciona en ciclos, en espirales, y aunque ahora nos encontremos en la parte baja de la espiral, (en la que pululan todo tipo de personas contaminantes, corrompidas por el poder, o por las ansias de éste), de todo vamos a aprender, y confiemos en que, la tendencia natural al equilibrio que vive en todo organismo sea el que transforme el excesivo sistema actual en una organización humana más armónica, al menos durante unos años, y que nosostros lo veamos.
sábado, 6 de noviembre de 2010
La falacia del Caos
![]() |
| Ilustración: Adabel Allen |
Naturalmente todo está en movimiento, y tiende a desajustarse, naturalmente hay crisis, pero no hay que pensar que esas crisis sean el estado eterno de las circunstancias.
¿Y de dónde saco las pruebas para afirmar esa tendencia natural a la armonía? lo que a mí me llama la atención, es que la mayor parte de la gente no sea consciente de ellas, están en mi gata, están el los movimientos de los planetas, están en cualquier ecosistema, están en todos los seres humanos, si queremos.
Con esto no quiero decir que la armonía se encuentre sólo en la calma o el silencio, la armonía no es homogénea, hay tanto equilibrio en las cataratas del Niágara, como en cualquier poza de mi pueblo, la diferencia no es cualitativa, es cuantitativa. Del mismo modo tampoco pretendo que lo justo esté sólo en la creación, también hay justicia en ciertas formas de destrucción, y en el instinto ruidoso.
Y para decir esto no hace falta escudarse en ningún tipo de religión, es más, deberíamos acudir al sentido común del ateísmo; desde el politeísmo aristocrático de las civilizaciones antiguas, al monoteísmo patriarcal de las judeo-cristianas, la idea de Dios ha confundido mucho la verdadera visión de las cosas. ¿Por que ver a la creación de un modo unidireccional? La creación no es una pirámide, es una red, es la combinación de todas las fuerzas del universo que interaccionan entre sí, y todas las leyes químicas y físicas lo demuestran. Y el universo sabe que lo mejor para todos es que esas fuerzas se equilibren, que dancen. Este no es un pensamiento amplio, nuestro propio cuerpo es un universo, y sigue las mismas leyes.
Entonces, ¿Por qué hay tanto desequilibrio en la sociedad humana?, ¿Por qué tanta gente desea más de lo que necesita? No lo sé, porque si el cuerpo humano es universo, su estado natural es armónico (aunque haya que trabajarse esa salud).
Pero creo que en el ser humano actual la "superación" de las creencias represivas se ha realizado de mala manera, no están realmente superadas, sólo dadas la vuelta. La represión produce exceso, y ambos extremos me parecen artificiales.
Creo que la ruptura del siglo XX tuvo sentido en su momento, pero porque sabían lo que estaban rompiendo, sabían contra lo que se rebelaban, era un momento de caos liberador previo a la calma.
Y creo que el actual caos no sabe lo que rompe, es algo que continúa por inercia, el péndulo que oscila contínuamente en esos dos extremos odiosos.
Confiemos que la fuerza que mueve ese péndulo poco a poco vaya muriéndose, y con ella todo lo absurdo de nuestra civilización decadente.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Fabulando...
![]() |
| Ilustración: Ana Juan |
El camino de la izquierda lo lleva a un paraíso, en el que cinco personas disfrutan plácidamente de la existencia, se les ve en armonía, satisfechos con lo que son y lo que tienen.
El camino de la derecha lo lleva a un lugar gris y ruidoso en el que una multitud compite desordenamente entre sí, por el disfrute de ser mejor que los demás, el premio... sentirse superior... pero siempre hay alguien por encima, y la competición no termina nunca.
Los habitantes del Paraíso se ven orgánicos pero precisos. Lo activo y lo pasivo, la destrucción y la creación, el ruido y el silencio, la sangre y la luz, giran en su interior con el ritmo lógico de las esferas.
Los habitantes del mundo ruidoso son pobres en estructura y excesivos en apariencia. Se mueven a gritos, con energías que surgen de sus capas más externas, porque no tienen tiempo de poner en movimiento los verdaderos ejes maestros de su maquinaria. Y consiguen lo que quieren, pero una vez superada la sensación de triunfo, se quedan vacíos.
El viajero no se lo piensa dos veces y toma el camino de la derecha.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Metáforas...
![]() |
| Ilustración: Remedios Varo |
Me explico:
Cuando alguien expresa emociones de una manera tan clara que llega a ser simple, yo lo visualizo como una pared de cristal, y mi reacción más inmediata es levantar mi propia pantalla protectora, sus palabras no me penetran.
Cuando alguien expresa emociones con metáforas certeras, siento como si me las inyectasen directamente en el corazón, como si se las susurrasen a mi subconsciente, haciéndole cosquillas.
Así veo yo a la metáfora, como el estado más lúdico de la literatura, la palabra hecha instinto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




