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sábado, 27 de noviembre de 2010

La Falacia del Caos (Anexos)

A pesar de que mi visión de los comportamientos sociales, es mucho más confusa que mi visión de los comportamientos individuales, creo que el post anterior necesita unas últimas puntadas.
¿Por qué la sociedad humana  es tan desequilibrada, cuando nuestra verdadera naturaleza no lo es? He aquí una posible respuesta:
Cualquier don o cualidad tiene su parte positiva o negativa, el ser humano posee un afán de superación mucho mayor que el de cualquier especie del planeta tierra, esto ha provocado por una parte, que hayamos conseguido avances mentales extraordinarios, pero por otra, ha puesto en movimiento la rueda de la ambición y la insatisfacción constante, que gira ya por inercia.
En positivo, este es un mecanismo que nos lleva hacia la evolución; en negativo, y poniéndonos apocalípticos, es el mismo mecanismo que nos puede llevar a la extinción.
A mayores, yo le sumaría las últimas circunstancias históricas que nos han tocado vivir. El siglo XX ha sido un siglo de rupturas, el momento en que las masas pudieron acceder a la información y a la realidad, y el momento en que se pasó de pensar que este mundo era un valle de lágrimas por el que no merecía la pena esforzarse, a pensar que nada es imposible. Y éstas son las dos caras de la misma moneda que nos llevan a un callejón sin salida; ya que la verdadera evolución implica cambiar de moneda.
El caso, cuando el hombre occidental tuvo que aceptar que no había un dios, optó por creer que él mismo era un dios, por encima del bien y del mal, y con infinitas posibilidades, como creen los niños. Y cualquiera que tenga dos dedos de frente es consciente de que hay limitaciones, y no tenemos que sentirnos inútiles por ello.
La cuestión es que, ante este panorama, mucha gente es incapaz de aceptar sus limitaciones, y no soportan que haya alguien por encima de ellos, pero siempre va a ser así, y se obsesionan por medrar, aplastando, aprovechándose, abusando o maltratando. Y por otro lado están los resignados, que creen que no ser dios implica ser un gusano, y se cruzan de brazos en un nihilismo aburrido que los convierte en zombies. Una tercera opción es aceptar nuestras limitaciones, y sacarle partido a nuestras cualidades, porque nunca dejamos de aprender, (aunque es cierto que, por desgracia, no todos partimos con las mismas ventajas, y según donde nazcas lo vas a tener más fácil o más difícil). De cualquier modo, esta última opción pasa bastante desapercibida en un mundo donde domina sobre todo la primera.
¿Esto es producto del sistema capitalista, o es esa mentalidad la que ha generado ese sistema? parece que se retroalimenta.
Como nota positiva, creo que el mundo evoluciona en ciclos, en espirales, y aunque ahora nos encontremos en la parte baja de la espiral, (en la que pululan todo tipo de personas contaminantes, corrompidas por el poder, o por las ansias de éste), de todo vamos a aprender, y confiemos en que, la tendencia natural al equilibrio que vive en todo organismo sea el que transforme el excesivo sistema actual en una organización humana más armónica, al menos durante unos años, y que nosostros lo veamos.

sábado, 6 de noviembre de 2010

La falacia del Caos

Ilustración: Adabel Allen
Cuanta más lucidez adquiero, cuanta más sinceridad pretendo, cuanto más aprendo a diferenciar una esencia de un perfume, más me convenzo de que el estado natural de las cosas es el equilibrio.
Naturalmente todo está en movimiento, y tiende a desajustarse, naturalmente hay crisis, pero no hay que pensar que  esas crisis sean el estado eterno de las circunstancias.

¿Y de dónde saco las pruebas para afirmar esa tendencia natural a la armonía? lo que a mí me llama la atención, es que la mayor parte de la gente no sea consciente de ellas, están en mi gata, están el los movimientos de los planetas, están en cualquier ecosistema, están en todos los seres humanos, si queremos.
Con esto no quiero decir que la armonía se encuentre sólo en la calma o el silencio, la armonía no es homogénea, hay tanto equilibrio en las cataratas del Niágara, como en cualquier poza de mi pueblo, la diferencia no es cualitativa, es cuantitativa. Del mismo modo tampoco pretendo que lo justo esté sólo en la creación, también hay justicia en ciertas formas de destrucción, y en el instinto ruidoso.

Y para decir esto no hace falta escudarse en ningún tipo de religión, es más, deberíamos acudir al sentido común del ateísmo; desde el politeísmo aristocrático de las civilizaciones antiguas, al monoteísmo patriarcal de las judeo-cristianas, la idea de Dios ha confundido mucho la verdadera visión de las cosas. ¿Por que ver a la creación de un modo unidireccional? La creación no es una pirámide, es una red, es la combinación de todas las fuerzas del universo que interaccionan entre sí, y todas las leyes químicas y físicas lo demuestran. Y el universo sabe que lo mejor para todos es que esas fuerzas se equilibren, que dancen.  Este no es un pensamiento amplio, nuestro propio cuerpo es un universo, y sigue las mismas leyes.

Entonces, ¿Por qué hay tanto desequilibrio en la sociedad humana?, ¿Por qué tanta gente desea más de lo que necesita? No lo sé, porque si el cuerpo humano es universo, su estado natural es armónico (aunque haya que trabajarse esa salud).
Pero creo que en el ser humano actual la "superación" de las creencias represivas se ha realizado de mala manera, no están realmente superadas, sólo dadas la vuelta. La represión produce exceso, y ambos extremos me parecen artificiales.
Creo que la ruptura del siglo XX tuvo sentido en su momento, pero porque sabían lo que estaban rompiendo, sabían contra lo que se rebelaban, era un momento de caos liberador previo a la calma.
Y creo que el actual caos no sabe lo que rompe, es algo que continúa por inercia, el péndulo que oscila contínuamente en esos dos extremos odiosos.
Confiemos que la fuerza que mueve  ese péndulo poco a poco vaya muriéndose, y con ella todo lo absurdo de nuestra civilización decadente.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Fabulando...

Ilustración: Ana Juan
Un hombre llega a una encrucijada:
  El  camino de la izquierda lo lleva a un paraíso, en el que cinco personas disfrutan plácidamente de la existencia, se les ve en armonía, satisfechos con lo que son y lo que tienen.
  El camino de la derecha lo lleva a un lugar gris y ruidoso en el que una multitud compite desordenamente entre sí, por el disfrute de ser mejor que los demás, el premio... sentirse superior... pero siempre hay alguien por encima, y la competición no termina nunca.
  Los habitantes del Paraíso se ven orgánicos pero precisos. Lo activo y lo pasivo, la destrucción y la creación, el ruido y el silencio, la sangre y la luz, giran en su interior con el ritmo lógico de las esferas.
  Los habitantes del mundo ruidoso son pobres en estructura y excesivos en apariencia. Se mueven a gritos, con energías que surgen de sus capas más externas, porque no tienen tiempo de poner en movimiento los verdaderos ejes maestros de su maquinaria. Y consiguen lo que quieren, pero una vez superada la sensación de triunfo, se quedan vacíos.

El viajero no se lo piensa dos veces y toma el camino de la derecha.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Metáforas...

Ilustración: Remedios Varo
El camino más breve para que un escritor llegue a mi núcleo, es la metáfora.
Me explico:
Cuando alguien expresa emociones de una manera tan clara que llega a ser simple, yo lo visualizo como una pared de cristal, y mi reacción más inmediata es levantar mi propia pantalla protectora, sus palabras no me penetran.
Cuando alguien expresa emociones con metáforas certeras, siento como si me las inyectasen directamente en el corazón, como si se las susurrasen a mi subconsciente, haciéndole cosquillas.
Así veo yo a la metáfora, como el estado más lúdico de la literatura, la palabra hecha instinto.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Proximamente... (aunque va para largo)

ILustración: Jorge Morais Valle
 Si en el instante de tu muerte, un niño llora a gritos dentro de tí, esa es la prueba de que no has vivido, de que el nombre que te han dado al nacer nunca ha sido más que aire.


Ahora es el momento de abandonar la jaula sin puertas, salvar el abismo... y echar a volar.

domingo, 19 de septiembre de 2010

El Brillo de los Caracoles

Al llegar la primavera, Ángel pensó que era hora de buscar trabajo.
Vivía con su abuelo en un piso tan viejo, que las llaves de la luz eran realmente "llaves", de las que se giran. A lo mejor no las tuvieron que cambiar nunca porque al fin y al cabo, la luz casi siempre la tenían cortada por falta de pago; y así andaban, entre velas y focos de esos cuadrados que casi siempre son rojos.
El abuelo de Ángel era tan viejo que las arrugas de los ojos apenas lo dejaban ver y, obsesionado por las otitis, siempre llevaba una gorra de aviador. Así que se parecía bastante a un perro de perdices.
Ambos vivían de la paga de este último, que no era precisamente una fortuna, porque el viejo había cotizado lo mínimo, todo lo que le había permitido su "sueldo" de quincallero.
De su época de quincallero conservaba la citada pensión vitalicia y recetas de cocina infernales. Solía preparar un asqueroso mejunje en el que mezclaba leche, unto, carne, pan revenido, harina y cualquier cosa que encontrase a mano, y lo cocía todo en una olla de la que ambos comían. Ángel, acostumbrado desde niño, nunca protestó por tal almuerzo.
Alimentado con tanta proteína, el muchacho salió fuerte y alto, pero de piel más bien amarilla; aunque tenía un cabello realmente lustroso, pero eso se lo debía al jabón Lagarto.

Pues en esa primavera Ángel se quiso poner a trabajar, ya que parecía que su abuelo se arrugaba a ojos vista, y por algunos detalles se dio cuenta de que empezaba a estar senil, entre ellos la manía de querer salir desnudo a la calle.
Así que en abril empezó a mirar ofertas de trabajo, y se dio cuenta de que no lo iba a tener fácil. Pero hubo algo que le llamó mucho la atención, la posibilidad de dedicarse a la cría de caracoles. Precisamente tenía una oportuna huerta detrás de su casa.
Conque llamó al número que venía en la oferta de trabajo, y un hombre le explicó con acento catalán todo lo que necesitaba para la cría de los animales.
-¿Que tienes un terreno?, pues te recomiendo la cría extensiva, neng, mejor calidad, sin empleados, menos inversión inicial... y sólo dos años hasta poder vender los primeros cargols.
¿Dos años? un cerdo engorda antes. Pero Ángel sabía ser paciente.
Pronto construyó las instalaciones de su granja, y para evitar gastos, salió al bosque a buscar sus propios caracoles. Finalmente lo tuvo todo listo, y se fue a acostar muerto de cansancio, pero muy ilusionado.
Aunque todo se le vino a abajo cuando, a la mañana siguiente, se despertó con el ruido de una bandada de estorninos, salió a su huerta temiéndose lo peor, y efectivamente, los pájaros habían invadido su granja, sin dejar supervivientes. El grito de furia y desesperación de Ángel espantó a los estorninos que salieron en desbandada.
Pero no se rindió, barrió las conchas de los caracoles, volvió a salir al campo, trajo más caracoles, y, por supuesto, cubrió la huerta con una red metálica a prueba de pájaros.
Y se fue a acostar, ya era mayo y el calor empezaba a apretar fuerte.
A la mañana siguiente Ángel se despertó dispuesto a trabajar en su granja, pero de nuevo se le cayó el alma a los pies cuando se encontró a todos sus animales muertos.
Desolado, se dejó caer de rodillas en aquel campo lleno de cadáveres, preguntándose una y otra vez, "¿Por qué?"; hasta que él mismo encontró la respuesta, no se había acordado de dejarles agua, y los caracoles habían muerto de sed.
De nuevo un grito de desesperación, esta vez culpable, inundó parte de la ciudad antigua.
Pero no se rindió, barrió las conchas de los caracoles, volvió a salir al campo, trajo más caracoles, y colocó aspersores por toda la huerta.
Esa noche se acostó lleno de temor y preocupaciones, pero, cuando a la mañana siguiente abrió temeroso la puerta que daba a su granja, quiso llorar de emoción al ver a todos sus animales vivos y saludables. Con una sonrisa de completa felicidad recorrió con la vista lo que a él le pareció una estampa de postal, caracoles deslizándose, caracoles comiendo lechuga, caracoles... un momento, ¿qué era ese olor?, ¿miles de caracoles haciendo qué? una fina capa de excrementos cubría todo el terreno. ¿Se suponía que debía limpiar eso todos los días?. Después de lo que se había esforzado se sintió incapaz de sobrellevar lo que se le venía encima, y se tiró de espaldas sobre la tierra, derrotado.
Ojeroso y deprimido giró la cara y vio a dos caracoles que se acercaban el uno al otro, como no tenía ganas de moverse se dedicó a observarlos. Los caracoles se reconocieron tímidamente con los cuernos, luego se rozaron con cuidado, acariciándose mútuamente con sus cuerpos suaves y húmedos, y finalmente se enredaron en un abrazo en espiral, lento y lleno de explosiones de burbujas densas. Ángel se dejó llevar por la fascinación, no sólo por la belleza del acto de amor hermafrodita que estaba presenciando, si no también por la duración de éste. Cuando ambos animales se despidieron con un cariñoso beso, ya había pasado la hora de comer.

Cuando todo acabó, el chico reaccionó como despertando de un sueño, convencido de haber tenido una revelación. Había recuperado todas sus energías al descubrir su verdadera vocación, el caracol era un animal maravilloso y todo el mundo debería saberlo.

Así que creó un logotipo para su empresa y lo estampó en varias camisetas para él y para su abuelo, y recorrió todos los bares de la ciudad alabando las excelencias de su producto, con tal pasión que convencía porque emocionaba.
-El caracol es un animal con gran vida interior, y esto se debe a que lo guarda todo en una concha con forma de espiral. A pesar de la dureza de su caparazón, su gran sensibilidad se hace evidente cuando le rozas los cuernos, son tan delicados que se encogen sólo con el aliento.
-Esta vida interior es tan intensa, que siempre les rebosa, y tienen que descargarla en sendas brillantes allá por donde pasan.
-Pero como su carne es sabia, la mayor parte del tiempo se dedican a comer y a reproducirse, se enredan y acarician durante horas para poder penetrarse entre ellos, porque son tan completos, que por tener, tienen dos sexos.
-Y como disfrutan del momento, nunca tienen prisa por nada. Además saben a marisco, qué más se les puede pedir.

Así que, con tal publicidad, toda la ciudad se llenó de bolsitas de red con babas colgantes. Y el abuelo de Ángel tuvo dos razones para salir a la calle con sombrero de aviador.
De éste modo, Ángel y su abuelo por fin tienen luz y gas ciudad, y el brillo plateado de las babas de los caracoles en la fachada de su casa, para el chico es pura poesía.

jueves, 16 de septiembre de 2010

O Conto dos Silencios

Ilustración: Rodrigo Chao
Como lo escribí yo, me permito recomedar este cuento supuestamente infantil.
Y le voy a robar una frase a una persona muy inteligente para definirlo: Es un cuento para niños que sólo van a entender unos pocos adultos.
Ahora, que si lo entendiera todo el mundo, mejor que mejor

En fin, para los que aman la música, pero que saben que el ser humano es lo más importante.
Y para los que odian el desprecio por lo diferente.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Guerreros y Sabios

CAPÍTULO TERCERO


Cuando estaba cercano el amanecer, él, ya tranquilo la acariciaba.
-Tienes la piel suavísima.
A la chica la asombró la luz que parecía salir de los ojos del guerrero cuando estaba contento, y este comentario la animó a confesarle.
-Sé que no lo harás, pero me encantaría que me llevaras contigo, conocería lugares y personas distintos. Tú eres más ágil y carismático, pero yo soy más sólida. Tú me enseñarías a manejar el ruido, yo te enseñaría a conocer el subsuelo. Tú me protegerías de las bestias externas, y yo te protegería de las bestias internas. Tú energía serviría para activarme, y para tí la mía sería como un bálsamo. Y nos reiríamos mucho juntos, de eso sí que estoy segura.
-No puede ser, preciosa, yo ya tengo a mi princesa, y muchas batallas por librar. En la guerra hay otras leyes, no hay lugar para la justicia y tú no podrías soportarlo. Me gustas mucho, pero me traerías problemas. ¿te crees que no lo he pensado? Lo he pensado y no puede ser.
-A pesar de que siempre dudo, no suelo equivocarme. Sé que lo pasaríamos muy bien juntos, pero también sé que te gusta tu vida, y que no quieres que cambie, y contra tu voluntad no puedo hacer nada.
Él la abrazó fuerte y se quedó dormido, ella tardó un poco más.

Cuando se despertó al día siguiente, él ya no estaba. A ella no le importó demasiado, no le gustaba hablar por las mañanas. Salió de la cueva y se encontró al guerrero sentado en una piedra, mirando hacia ningún sitio, y en su rictus vio algo en lo que no había reparado hasta ese momento: El guerrero también era un asesino, su supervivencia cotidiana consistía en matar o ser matado, y el peso de todos sus muertos se reflejaba en su mirada como una luz negra.
Al darse cuenta de ésto, ella se vio enredada en un extraño sentimiento, no deseó alejarse de él sino todo lo contrario, una fuerza magnética lo empujaba hacia el guerrero porque quería introducirlo dentro de su útero, protegíendolo de sí mismo.
Pero sabía que esa idea era absurda, él nunca lo permitiría, y en cualquier caso, ella tampoco tendría fuerzas.
Así que, apretó los puños y volvió a internarse en su gruta. Dejándose parte de las entrañas junto a él. Lo quería, lo quería mucho, y por eso él debería marcharse.
Guerreros y sabios nunca fueron buenos compañeros de lecho.


                                                                                  FIN

viernes, 3 de septiembre de 2010

Guerreros y Sabios

CAPÍTULO SEGUNDO


Mientras cenaban, el guerrero se decidió a preguntar
-¿Y que hace una chica tan guapa como tú en una caverna como esta?
Ella desvió la pregunta, -¿Te parezco guapa? Me extraña, siendo tú un guerrero.
-¿Y eso qué tiene que ver?
-Por naturaleza los guerreros sólo se sienten atraídos por princesas, o por guerreras tan portentosas como ellos.
-Bueno, por lo que veo, tú también sabes manejar un arma.
-Me estaba defendiendo. En el día a día ya tengo que librar suficientes batallas para sobrevivir, no tengo fuerzas ni ganas para entrar en las guerras que promueven los poderosos.
El guerrero sonrió casi con ternura ante aquel ataque directo, habia mucha gente que no se atrevía a llevarle la contraria.
-En fin, - insistió- no me has dicho qué haces en esta cueva.
-Aprendo cosas- accedió a contestar ella- investigo, compruebo, analizo, observo. No eres el primero que pasa por mi caverna, de vez en cuando viene algún viajero y yo les pido que me cuenten cosas de su vida y de sus viajes, o de cualquier propiedad que conozcan de una planta o una roca. Te sorprenderían las historias que te cuenta la gente si sabes escuchar. Nunca me canso, quiero entender. Y tú, ¿de dónde vienes?
-De una ciudad con mar.
-Ah, me gustan las ciudades con mar, parece que hay horizonte. Cuando aprenda lo suficiente, puede que me vaya a vivir a una. Me gusta la visión de la gente que vive al lado del mar.
-¿Aunque sean guerreros?- bromeó él
-Bueno, no lo sé, los guerreros sólo véis las cosas grandes.
-Muchas veces hay que mirar hacia arriba para derrotar a los que siempre están en lo alto.
-¿Y ocupar vosotros su lugar? "Quien persigue toda su vida al dragón, acaba convirtiéndose en el dragón."
El guerrero volvió a sonreír, le costaba enfadarse con ella.
-A lo largo de mis viajes he conocido a mucha gente, me he emborrachado, me he divertido, he estado con muchas mujeres y me he peleado con muchos hombres. Como vés, a mí también me gusta aprender.
Un brillo de envidia y admiración se dejó ver en la mirada de la chica.
-¿Y tienes alguna princesa guerrera en algún lugar del mundo?
-Sí.
Ella bajó la cabeza.
-Pero tú me gustas, y me gustas mucho.
Ella vio como se le acercaba, y no trató de apartarlo. La verdad es que no pasaban muchos guerreros por su cueva; así que cuando se inclinó hacia ella, el cerebro se le nubló y respondió casi de manera involuntaria. Él tenía la piel tan cálida que parecía que despendía vapor, y la chica pensó que aquello era generoso. Luego ya no pensó más.
Durante toda la noche apenas durmieron nada, y cuando al guerrero lo vencía el cansancio, ella lo acariciaba para despertarlo, con la ansiedad de lo breve. Tenía miedo de que él desapareciese en el medio de un sueño.

martes, 31 de agosto de 2010

Guerreros y Sabios (Relato juvenil.... o algo así)

CAPÍTULO PRIMERO



El guerrero entró en la cueva para resguardarse de la lluvia, la tormenta de verano descargaba su furia eléctrica por todo el bosque.
Echó una ojeada a su alrededor para comprobar si aquel lugar era un refugio seguro, y se llevó una sorpresa al ver que a lo lejos brillaba una luz cálida, allí había alguien más, así que desenvainó su espada y se acercó con cautela. Nunca le habían hablado muy bien de los habitantes de las grutas.

La luz provenía de un pequeño hogar creado en una de las esquinas de la caverna, era un lugar confortable, cubierto de pieles, y en los huecos de la pared había cuencos decorados con formas sinuosas, cuchillos y flechas de sílex, y todo tipo de plantas, ungüentos y comestibles. Pero lo que más le llamó la atención al guerrero fue una pequeña caja de madera, en la que brillaban vidrios coloreados y peines hechos de raspas de pescado.
Cuando estaba observando esto último sintió una punzada en la espalda, y una voz de mujer le dijo:
-Quien eres y a qué vienes.
Él se giró lo justo para ver una figura pequeña con la cabeza cubierta, que le apuntaba con un arco.
-Soy un guerrero, y he venido a resguardarme de la tormenta, no sabía que había alguien más.
Ella lo rodeó para mirarlo de frente sin destensar el arco.
-Aparta esa espada, es de mala educación entrar en la casa de alguien blandiendo un arma.
-También lo es recibir a tus invitados apuntándoles con un arco.
Ella no pudo evitar reírse, había algo de niña pequeña en su risa, y eso tranquilizó al guerrero, que lanzó lejos su arma, aunque era consciente de que se estaba arriesgando demasiado.
La muchacha, entonces, le mostró su rostro, y el chico no disimuló una sonrisa de deseo. Ella no se ruborizó, le mantuvo la mirada sin darle demasiada importancia.
-Y yo que creía que los habitantes de las grutas eran seres demacrados y sanguinarios- comentó él- no te pareces en nada a Asgrud, la Negra, que colecciona calaveras, para beber sangre en los cráneos de sus víctimas.
-Yo es que ya tengo vajilla- dijo ella mientras bajaba su arco.
Durante unos segundos estuvieron mirándose fijamente sin decir nada, con sonrisa contenida, hasta que el guerrero se decidió a preguntar.
-En fin... ¿qué hay para cenar?
Ella volvió a reír sin tener muy claro que era lo que le había hecho tanta gracia

miércoles, 25 de agosto de 2010

Semillas de Olmo

La primera vez que entraste, yo no me di cuenta, pero me dejaste una semilla dentro, una especie de huevo que no empezó a palpitar hasta unos días después.
Entonces sólo quería volver a verte, porque esa criatura que estaba naciendo necesitaba una fuerza de calor constante para sobrevivir,  ya que tenía la piel tan fina que en cualquier momento podía romperse y extender su clara por todo mi cuerpo, volviéndome confusa e incoherente.

Pero cuando te volví a ver me enseñaste tu corazón, completamente acorazado para mí. Entonces el pequeño huevo que estaba creciendo se secó, llevándose con él todo el agua que lo rodeaba, tirándome de las entrañas hacia su centro.

Así que te convertiste en una droga, cada vez que me llamabas la semilla se humedecía, pero cuando te marchabas, volvía a secarse; dejándome vacía, consumida por la sed.
Pero yo no podía parar, porque me había enganchado al agua verdosa que te salía hirviendo por los ojos, a tu falta de pudor, a tu tacto y a tu transparencia animal.

Cuando me cambiaste, sin más, por otra chica a la que sí quisiste incubar, un metal frío me recorrió de arriba a abajo, gritando con un alarido tan agudo que en varios días no pude escuchar ni sentir nada más.
Te fuiste, cargado de mi deseo, con una euforia ególatra que era para mí una lluvia de agujas.

Después de un tiempo, cuando me acostumbré a los pinchazos hasta casi no sentirlos, me di cuenta de que tu semilla aún estaba allí, pequeña y arrugada, pero agarrada a las paredes de mi carne como una sanguijuela.
Y supe que no quería abortarte, quería seguir llevando conmigo ese amor muerto, ese esqueleto de un afecto que no quisiste mostrarme.

Y es por eso que lo alimento cada día con mi sangre, ya que tú no quisiste darme tu leche.

jueves, 19 de agosto de 2010

Los Cuentos de Mingabe

http://www.fibro.es/mingabe.html

Cuentos ilustrados para fibromiálgicos y no tan fibromiálgicos, y todos narrados por cuentacuentos, cantantes, actrices o presentadoras.

Mis contribuciones:
El cuento juvenil "La Dama de las Grutas"  (Ilustrado por Cecilia Varela y narrado por Anne Igartiburu)
Y el cómic "La Verdadera y Asombrosa Historia de la Bella Durmiente" (Ilustrado por Patricia Castelao y narrado por Martha Escudero)


La Dama de las Grutas

miércoles, 18 de agosto de 2010

A un dios borracho

"No hay que entregarle el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas más fuertes se hacen, hasta que huyen al bosque o se suben volando a un árbol. Si te entregas a una criatura salvaje, terminarás con la mirada fija en el cielo" (Truman Capote)



No puedo seguir tu paso de liebre, avanzas a enormes saltos, tienes arrebatos de genialidad volcánica que te hacen ascender hasta los cielos, donde te reúnes con los otros dioses borrachos. Os recostáis en vuestra nube de vapor de vino y os embriagáis de vosotros mismos.

Yo camino con los pies pegados al suelo, con raíces que me nacen en los pies a cada paso. Pero todos los días avanzo un poco, mientras observo desde abajo cómo te intoxicas con placeres que le dan brillo a tu áura encarnada. Mientras tanto, yo me introduzco en las grutas, buceo en los pantanos y hago galerías en la tierra.

Pero un día tu nube se quiebra, y pasas del cielo al subsuelo, repleto de tus viejos demonios. Me miras con ojos de orgulloso animal herido, y yo, como te quiero, te tiendo la mano, creyendo que jamás podré subir a alguien de tu peso. Sin embargo me sorprendo al ver que la confianza que tienes en mí te hace ligero, no me cuesta nada ayudarte a salir de tu pozo de alquitrán.
Y por un momento estamos los dos juntos, y entrelazamos nuestras venas; las tuyas ardiendo pero vacías, las mías heladas pero rebosantes. Calientas el agua de pantano que me circula por ellas hasta convertirla en leche tibia, al mismo tiempo que succionas parte de mis fluidos.
Después me dejas porque necesitas desplegar tus alas de águila y volver a tu Olimpo de Mala Muerte.
Te veo marchar, y me gustaría ir contigo, pero tú me observas desde lo alto con una sonrisa de burla cariñosa, te ríes de mis alas de mosca como se ríe un niño pequeño de los viejos y sus límites. Y yo me escondo de tu mirada, dolida, pero no enfadada, porque no me debes nada.

No sé volar, no se correr; pero sé bucear, y puedo decir que alguna vez buceé en tu sangre hasta lamerte el corazón.

Iniciando...

Hola a tod@s, a este blog que acaba de abrir los ojos. A lo largo del tiempo iré colgando algunos de mis cuentos, fragmentos de relatos, y pensamientos variados (míos o ajenos).

Creo que los escritores más interesantes son los que se desangran en sus textos, y los que bucean en las curvas de sus sesos. Así que lo que aquí leais es producto de mis viajes por el subsuelo, los abismos marinos, y mis vuelos de rata hacia las estrellas.

Habrá cuentos infantiles, y relatos adultos, y de vez en cuando carne cruda, pero el dios que va a gobernar a toda la obra va a ser la imaginación,  aunque siempre enraizada en la misma tierra, absorviendo el abono de la puRa realidad.

Tras esta declaración de principios, comienza el viaje.