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sábado, 15 de septiembre de 2012

LA DAMA DE LAS SERPIENTES (Capítulo Octavo y último)

   "Así pues, se decidieron a plantar las misteriosas semillas.
Llegando los meses de calor, comenzaron a brotar unas espigas verdes, que pronto se volvieros amarillas.Y cada una de esas espigas venía cargada de granos dorados, iguales que los que habían salido del vientre de Potnia.

Pasado un tiempo, el nuevo cultivo fue conocido por la gente de los poblados, y se extendió por toda la isla.
De este modo, los campos amarillos llegaron a inundar de prosperidad todo el territorio, ondeando con el paso del viento, como pequeñas lagunas doradas.
Y así fue como dio comienzo la Era del Trigo, la prometida Edad de Oro.

Potnia-Theron, y Minos, su consorte, vivieron en la isla durante muchos años, y cuando llegaba la época de la siembra, recordaban su primer encuentro mediante un rito de fertilidad, a través del cual conseguían que las cosechas fuesen prolíficas y generosas para todos los habitantes de la isla.

Estos ritos se mantuvieron durante cientos de años, y el tiempo transformó a Potnia-Theron en una diosa a la que, todavía hoy, los habitantes de la isla rinden homenaje mediante complejos rituales... Pero eso es algo que todos vosotros ya conocéis.

Así pues, mis iniciados, ya os ha sido descubierto el mayor secreto de nuestra próspera isla, que no debéis revelar bajo pena de muerte...
Aunque... yo pienso que no hace falta que os amenace con esto. Dudo mucho que alguno de vosotros quiera que los extranjeros se enteren de que nuestra simiente dorada, el mayor tesoro de nuestra isla, no es más que algo que una bruja meó un día...
 ¡AAAAAHAHAHAHAHA!! ay, sisisisisi... nunca me canso de contarlo, me encanta la cara que ponéis..."

FIN

jueves, 13 de septiembre de 2012

LA DAMA DE LAS SERPIENTES (Capítulo Séptimo)

  "Sin embargo, a la mañana siguiente, Potnia se despertó con un luminoso rayo de sol en la cara. Al abrir los  ojos vio un casco con cuernos de toro, y se acordó de que Minos estaba allí.

Lo encontró ya en pie, alimentándose de los primeros rayos de sol de la mañana. Al verla despierta, sonrió y comentó.
  - ¿Sabes?, antes de conocerte, ya había oído hablar mucho de tí. Mucha gente sabe de tu magia.
  - Trabajo mucho para tratar de hacer las cosas lo mejor posible- respondió ella sin falsa modestia.
  - Pero si te digo la verdad, en persona resultas más atractiva de lo que yo pensaba.- Le soltó él con naturalidad.
La bruja sonrió.
  - Muchas gracias, tú también resultas muy interesante... para ser guerrero- bromeó la hechicera.
Él se rió, luego se la quedó mirando en silencio durante un instante.
  - Pero te falta algo... tu nombre, está incompleto...- comentó finalmente Minos.
  - ¡Cómo puede ser eso? me lo puso un poderoso hechicero- replicó ella.
  - Aún así está incompleto, sí, no cabe duda, tu nombre es Potnia-Theron- dijo él como si acabara de tener una iluminación.
  - ¿Por qué lo dices? ¿Acaso también eres brujo?- dijo ella con algo de burla.
  - No, pero también sé mirar hacia dentro, como tú- contestó él sin vacilar.
En ese preciso momento, Potnia-Theron supo que era Minos, y no otro, el destinado a convertirse en su esposo.

  - ¿Sabes otra cosa?- comentó él de nuevo - Ahora que el monstruo está muerto, ya no tengo ganas de seguir siendo un guerrero. Esta es una buena tierra, sí, voy a criar toros, y le enseñaré a la gente a hacer acrobacias sobre ellos.
 Minos se volvió hacia ella para preguntarle con una luminosa sonrisa.
  - ¿Quieres que te enseñe a tí?
  - A lo mejor- respondió ella riendo.
  - Pues vamos a empezar. Mantente recta.- le dijo él.
Se acercó a la chica y la levantó por la cintura, al mismo tiempo que el se inclinaba hacia atrás y se dejaba caer de espaldas en el suelo. Luego la apoyó sobre él.
  - Ahora tienes que aprender a cabalgar al toro- dijo Minos con una sonrisa que no dejaba lugar a dudas.
  - Mmmmmm, nunca en la vida cabalgué toros, me vas a tener que echar una mano- contestó ella sin hacerse mucho de rogar.
Así que Minos le levantó la falda de volantes, y la subió sobre su cintura, y Potnia comenzó a moverse rítmicamente, cabalgando al toro, mientras éste emitía bramidos gozosos.

 No obstante, cuando el guerrero descargó su simiente en el vientre de Potnia-Theron, ésta sintió una extraña hinchazón y unas insoportables ganas de orinar, por lo que se tuvo que marchar corriendo detrás de unos matorrales ante la sorprendida mirada de Minos.
Pero mucho más sorprendida se quedó la chica, cuando se dio cuenta de que lo que estaba expulsando no era orina, sinó unos pequeños granos amarillos como el sol. Cuando los echó todos fuera, cogió un puñado de ellos y se los enseñó a Minos, bastante alarmada.
  - ¡Mira lo que acabo de mear!, nunca había visto tal cosa.
Minos los observó un instante.
  - Parece una semilla, tal vez la deberíamos plantar- respondió tranquilo.
  - ¡Pero si acaban de salirme de ahí abajo!- replicó ella, alterada por lo absurdo de la situación.
  - Y qué- comentó él- los huevos de pájaro también salen del mismo sitio, y bien que los comemos.
Ante tal alarde de lógica, Potnia tuvo que darle la razón."

martes, 11 de septiembre de 2012

LA DAMA DE LAS SERPIENTES ( Capítulo Sexto)

 "-¡No! ¡Tan sólo es una serpiente, y es mi hermana!- suplicó Potnia.
  -¡Pero que dices, es un monstruo mortífero! ¡Si no acabamos con ella va a destruír toda la vida que hay en la isla! - Respondió Minos, desesperado por no poder moverse.

Ese fue el descuido que el monstruo aprovechó, para escapar de la cueva y huír hacia los poblados, mientras escupía ondas de veneno que quemaban todo a su paso. Afuera aún rugía la tormenta.

  -¡Sé razonable y libérame de este conjuro! ¿Eres consciente de lo que estás haciendo?- gritaba el guerrero.
Potnia se debatía interiormente, sin saber qué decisión tomar. Hasta que una visión se apoderó de su mente: una serpiente de siete colores la rodeaba para susurrarle estas palabras "A veces tenemos que matar algo que amamos, para hacer lo que es correcto".
Y Potnia comprendió, teniendo ya claro lo que debía hacer. Liberó al guerrero de su hechizo paralizante y le dijo.
  - Tienes razón, Minos, hay que acabar con la bestia ¡rápido!.
  - ¡No me vengas ahora con prisas!- Respondió el guerrero enfadado.

Corrieron acelerados detrás de la gran serpiente, a la que tan sólo le faltaban unos metros para llegar a los poblados.
Minos buscó frenar su avance hiriéndola en la cola, para que se diese la vuelta. Ella no tardó en responder violentamente, totalmente exasperada por el dolor.
Abrió sus terribles fauces e íba a avalanzarse sobre el guerrero, expulsando saliva emponzoñada, cuando Potnia se interpuso, pues su veneno a ella no la hería.

La bruja miró fijamente a la bestia, hipnotizándola, y la serpiente se fue calmando poco a poco, cerró la boca y agachó la cabeza, igual que un perro que busca caricias. Este fue el momento que aprovechó Minos para asestarle el golpe mortal, bajó la espada en el cuello del animal con todas sus fuerzas, decapitándola con un sólo corte limpio.
 El cuerpo sin vida de la serpiente aún se agitó durante unos instantes, salpicando con su veneno varios lugares en los que no volvió a crecer la hierba.

Potnia observó la muerte de la bestia, presa de una gran tristeza, Minos tampoco se sentía orgulloso de su hazaña. Ya se había cumplido la profecía, y ya podían sentirse liberados de su peso. Así que se dirigieron hacia la cueva, para pasar allí dentro aquella noche oscura de tormenta."

lunes, 10 de septiembre de 2012

LA DAMA DE LAS SERPIENTES (Capítulo quinto)

    "Aún tendrían que pasar unas cuantas lunas, hasta llegar a aquel atardecer, que todos recuerdan por la enorme tormenta que recorrió la isla, cargándolla de estallidos de luz violenta.

Los truenos sorprendieron a Potnia fuera de la cueva, mientras estaba recogiendo raíces de mandrágora, y tuvo que volver precipitadamente a su refugio. Pero al reparar en unas extrañas huellas a la entrada de la caverna, se dio cuenta de que alguien se le había metido dentro. Así pues, se armó con arco y flechas, y entró despacito en la cueva.

En la parte habitable de la gruta no había nadie, así que imaginó que el visitante había penetrado en la profunda galería. Miró al suelo, dándose cuenta de que en una de las estalagmitas alguien había atado una especie de cordel para no perderse, y que se introducía en la boca del túnel. Así que sólo tendría que seguir el hilo para encontrar al intruso, y decidió internarse en el corredor.

Después de avanzar sigilosamente durante un buen trozo, percibió a lo lejos la luz de una antorcha, y pudo ver la silueta de un guerrero, armado con espada y escudo, y con dos imponentes cuernos de toro a ambos lados de su casco. El guerrero estaba tan ocupado en su avance, que reparó en la proximidad de la chica, hasta que ésta le colocó la punta de una flecha en la nuca.
  - ¿Quién eres y a qué vienes? - lo interrogó la bruja.
El guerrero se quedó muy quieto. Sabía que con sólo un movimiento de brazo podría herir de muerte a su oponente, pero la voz de ella no le resultaba amenazadora.
  - Mi nombre es Minos, y vengo a matar a la bestia.- Respondió en guerrero.
  - ¿De qué bestia hablas? Llevo viviendo aquí mucho tiempo, y nunca había oído hablar de tal cosa.- Replicó ella desconfiada.
  - La profecía habla claro: cuando el toro mate a la bestia dormida, acabará el tiempo del sueño, para dar comienzo el tiempo del oro.
Potnia escuchó al guerrero mientras un escalofrío le surcaba la espalda, se parecía demasiado a su propia profecía.
  - ¡No! ¡Vete de aquí, en este lugar no hay ninguna bestia dormida!- Gritó Potnia, queriendo negar lo inevitable.
  - La profecía no miente, la bestia está dormida en el laberinto guardado por la hechicera.- Continuó Minos tratando de mantener la calma.

  - ¡Te dije que te largaras, esta es mi cueva, no puedes entrar en ella de esa manera!- Siguió protestando ella, con intención de apuntar de nuevo al guerrero con su arco.
Esta reacción acabó con la paciencia de Minos, y atrapó a Potnia contra una pared, apoyando la espada en su garganta.
  - ¡Qué estás ocultando, bruja miserable!.
En ese momento todo en la cueva empezó a rugir, y las paredes, que antes parecían fuertes y sólidas, empezaron a romperse, como si estuvieran recubiertas por una cáscara de piedra. Debajo de ésta, algo blando y orgánico se removía en forma de ondas. El guerrero no tardó en advertir lo que era.
  - ¡Estamos dentro de el vientre de la bestia, tenemos que huír de aquí!- Gritó.
Agarró a Potnia por un brazo y, siguiendo su hilo, corrienron hacia afuera. Cuando vislumbraron la salida, se dieron cuenta de que, lo que a ellos les parecían estalactitas y estalagmitas, en realidade eran los dientes del monstruo que se empezaban a cerrar. Salieron de la bestia cuando ésta cerró la boca, y Minos le iba a asestar un golpe mortal, cuando Potnia paralizó su espada"


jueves, 6 de septiembre de 2012

LA DAMA DE LAS SERPIENTES (Capítulo Cuarto)

  "Un atardecer, Pan llevó a Potnia a buscar miel silvestre, era un cálido día de verano y las abejas zumbaban perezosas alrededor de la colmena, sin ánimo de atacarlos. Arrancaron unos fragmentos de panal y empezaron a lamerlos, disfrutando del néctar, sin importarles cómo resvalaba por sus manos y brazos, llenándolos de pringue.
 Mientras comían hablaban animados, sin embargo, Pan notó como el exceso de azúcar lo empezaba a embriagar, permitiéndole apreciar la esquiva belleza de aquella chica de pelo tan dorado como el sol. Así que, sin él quererlo, se le empezó a ir la cabeza, y no fue capaz de controlar su naturaleza. De cintura para arriba era un dios, pero de cintura para abajo, un macho cabrío.
Potnia se dio cuenta de esto, y la mirada de deseo del dios, fue para ella como una corriente de licor templado recorriéndole las venas.
 El dios se acercó mucho a ella y comentó:
- Mmmmm, tienes el olor suave de las vírgenes. No te asustes, pero te voy a lastimar hasta hacerte sangrar.
Y sin más, la acostó sobre las hierbas, y la fue probando entera, hasta que, finalmente, las embestidas del dios llenaron a Potnia de dolor y placer, hasta hacerla gritar.

Cuando ambos terminaron, Pan cogió en brazos a la chica desnuda que aún temblaba. Cargó con ella hasta uno de los santuarios de la isla dedicados a él, y que le servían de improvisados refugios.
Una vez allí, el dios abrió un cofre del que sacó unas hermosas prendas: una larga falda de volantes con mandil bordado, un corpiño que le cubría el talle y los brazos, dejando los pechos al descubierto, y una corona hecha de plantas y frutos.
-Te tienes que deshacer de tus antiguas ropas y de tu antigua vida, igual que te has deshecho de tu virginidad. A partir de ahora te vestirás de acuerdo a tu nueva naturaleza- le reveló el dios Pan.
Potnia obedeció y se atavió con aquella indumentaria, que ya todos nosotros, felices habitantes de esta fecunda isla, conocemos de sobra; y que pasaron a  ser los atributos más representativos de nuestra diosa.

Tras ese día, Potnia se sintió una persona nueva, y decidió quedarse a vivir para siempre en la cueva que le había servido de refugio la noche que llegó a la isla. Allí se dedicó a aprender por su cuenta todo tipo de hechizos y remedios.
Pronto empezó a ser conocida en la isla, y numerosos visitantes iban junto a ella para pedirle pócimas y consejos. De este modo, Potnia vio cumplido por fin su sueño de formar parte de una comunidad.

Aún así, nunca abandonó la compañía de los animales, especialmente las serpientes, a las que seguía atrayendo con la misma intensidad de cuando era niña.

Sin embargo, había noches en las que le parecía oír un extraño rumor amenazante que provenía de las entrañas de su cueva, y pensaba que eran los demonios de su pasado, que la venían a molestar.
En esas noches solía venirle a la memoria su terrible profecía, y no podía dormir."

miércoles, 5 de septiembre de 2012

LA DAMA DE LAS SERPIENTES (Capítulo Tercero)

   "Efectivamente, mis iniciados, es lo que estáis pensando: ese nuevo destino era nuestra generosa isla.
Cuando Potnia arrivó en nuestras costas ya era noche cerrada, y, agotada por los acontecimientos, sólo quería buscar un lugar donde acurrucarse y dormir. Por suerte, por allí cerca encontró una cueva abandonada en la que pronto se refugió. La gruta estaba formada por una parte habitable y una profunda galería que se perdía hacia adentro como boca de lobo. Potnia se acostó en la zona acogedora, pero antes de quedarse dormida se sintió invadida por una tremenda desolación. Se dio cuenta de que estaba completamente sola en el mundo, y esa certeza le cayó encima como una losa oscura.

Además, por si esto no fuera suficiente, a la mañana siguiente se despertó de golpe con un sonido agudo e irritante en la oreja. Cuando abrió los ojos espantada, se encontró a un ser de torso humano y patas de cabra, que la miraba partiéndose de risa, con una flauta en la mano:
-¡AAAAAJAJAJAJAJAJAJA! ¡nunca me canso de hacerlo, me encanta la cara que ponéis! Jajajajajajajaja, ay...sisisisi....- Decía limpiándose las lágrimas.
Potnia pasó del miedo al enfado en un par de segundos
- ¡¡¡Tú eres tonto o que te pasa, cabrón de mierda!!! - Le gritó.
- Eeeeh, eh, eh. Qué modos son esos de tratar al dios Pan- respondió él algo ofendido.
La chica cayó en la cuenta de su error al instante, y alarmada por su comportamiento, se encogió rápidamente en una reverencia de disculpa.
- Os ruego que me perdonéis, por favor, mi señor- dijo temblando como una hoja.
- Hombre, que tampoco es eso- respondió él de nuevo divertido- aunque sea un dios, me paso la   mayor parte del tiempo gastando bromas pesadas... No me llames "mi Señor", me gusta más "venerable Pan".
Potnia se relajó y se rió mirándolo a los ojos, y Pan también sonrió por unos momentos, hasta que de pronto se quedó muy serio y comentó.
- Tienes una mirada muy intensa, la que tienen sólo "aquellas que nacieron para ser brujas". ¿De donde vienes?
- Soy de la tribu de los gromios, y allí dediqué mi vida a aprender el oficio de hechicera, efectivamente, venerable Pan.- respondió la chica.
- Ya me parecía a mi- dijo él sonriendo de nuevo - pues bienvenida a nuestra isla, nos va a venir muy bien un poco de magia.
Ante estas palabras de acogida, Potnia sintió una enorme familiaridad con el grotesco personaje que tenía en frente, tal vez porque era agreste y medio animal, como ella.
El dios Pan fue su primero amigo en la isla, el que le enseño todos los lugares, poblados y costumbres... y quien la ayudó a descubrir su verdadera identidad... a su manera, claro..."

lunes, 3 de septiembre de 2012

LA DAMA DE LAS SERPIENTES (Capítulo Segundo)

    Durante 17 años, los brujos le enseñaron a Potnia las artes de la magia y la nigromancia, ocupación a la que ella se entregó con verdadera pasión.

No obstante, debido a su naturaleza híbrida, los habitantes del poblado nunca la aceptaron.
Así pues, Potnia solía refugiarse en la compañía de los animales, pues,  aunque la fauna de los pantanos era fría y viscosa, nunca se sentía juzgada por ella. Es más, prefería su natural amoralidad, antes que las rígidas leyes despectivas con las que la trataban en el poblado.

Aún así, la chica estaba resignada a vivir para siempre entre los gromios, donde se sentía a salvo de su profecía, ya que Stutgard sólo tenía hijos varones.
Sin embargo, una sorprendente noticia cambió el rumbo de los acontecimientos: los brujos le habían encontrado marido. ¿Pero quién se iba a querer casar con una bruja medio nívea? Tan sólo el viejo Numis, que tenía 50 años, los dientes podridos por la enfermedad, y todo el mundo sabía que habia envenado a su primera mujer con belladona.
Cuando Potnia se enteró de aquello, un fuerte "no" empezó a rugir en su pecho. Así que esa misma noche fabricó un potente narcótico con la flor del sueño, y lo echó en la bebida de los brujos.
Cuando estos quedaron profundamente dormidos, abandonó el poblado sin echar por un momento la vista atrás. Su objetivo era reunirse con su madre, en las tribus Níveas del Sur.
Poca gente sobreviría a una noche en los pantanos, pero sus peores depredadores, las grandes serpientes, a ella no le hacían daño.

Durante muchos días, la chica recorrió una larga distancia, siguiendo un mapa que los brujos habían guardado a buen recaudo.
A lo largo de este viaje, Potnia percibió como, poco a poco, el barro oscuro que llevaba en su sangre se iba limpiando, y sus pulmones se liberaban del aire insano de los pantanos.

Y un atardecer cálido y despejado, llegó al luminoso poblado de los Níveos, que parecía resbalar por la playa, como una duna clara al lado del mar.
Una vez dentro del pueblo, comenzó a preguntar por Lódinel, pero sus rasgos y su vestimenta gromia provocaban un silencioso desprecio entre sus habitantes. Tan sólo una anciana se compadeció de ella, y a escondidas le indicó la casa de su madre. Potnia aprovechó su amabilidad para preguntarle si Lódinel tenía alguna hija.
   -La desventurada Lódinel no tiene hijos, ya que rechazó todo contacto con varón, desde que un Gromio la forzó, hace cerca de 20 años.- Respondió la anciana.
La muchacha se entristeció por su madre, pero al mismo tiempo se alegró de que su profecía no se pudiese llevar a cabo. Así pues, temblando de emoción, llamó a la puerta de su madre. Pero la reacción de Lódinel fue para Potnia completamente inesperada.
   - ¡No quiero saber de tí, eres el resultado de mi vergüenza! ¡Tan sólo me recuerdas que he sido ultrajada por un inmundo animal de los pantanos!- Le gritó la Nívea.
Esas terribles palabras fueron para la chica como una lluvia de espinas, que le hicieron ver la realidad: los Níveos eran una raza hermosa, pero ignorante y fría, que despreciaba todo aquello que desconocía, y por encima de todo despreciaban a los gromios. Nunca sería aceptada por ellos, y aquel poblado nunca podría ser su hogar.

Destrozada por el descubrimiento, se fue corriendo a la playa, sin saber hacia donde huír. A lo lejos percibió la silueta de una isla, y tomó una decisión desesperada: navegaría hacia aquel lugar, y buscaría un refugio donde vivir, lejos de todos, sólo rodeada de los animales y las plantas, y dedicaría el resto de su vida a aprender  unos conjuros que no le aprovecharían a nadie.

Cogió una barca que había allí cerca, y llamó a los silfos del viento para que le fuesen favorables. Pronto se levantó una fuerte brisa que la empujó hacia su nuevo destino.

domingo, 2 de septiembre de 2012

LA DAMA DE LAS SERPIENTES (Capítulo Primero)

"Pasad, mis iniciados, no os asustéis por mi aspecto, introducíos en la gruta de la diosa.
Con el fin de llegar hasta aquí, habéis tenido que partir del Cerámico, el sombrío cementerio, para después tomar la Vía Sagrada. Por el camino habéis gritado obscenidades en honor a Yambé y habéis cumplido con el obligado ayuno. Así pues, ya estáis preparados para enfrentaros a la parte máis importante de estos sagrados misterios, donde se os revelará el mayor secreto de nuestra fértil isla.
Junto al fuego encontraréis la vasija portadora del mágico néctar- Debéis beber de ella, para que las divinas visiones acompañen a mis palabras.
Bien, los ánimos ya están predispuestos, así que llegó el momento: Os voy a desvelar la verdadera historia de nuestra diosa protectora, la arcana Leyenda de la Dama de las Serpientes.

    "Los orígenes de Nuestra Señora no fueron demasiado gloriosos: su padre, Stutgard, era uno de los Gromios de las pantanosas tierras del Norte; el cual secuestró y violó a su madre, Lódinel, de las tribus Níveas del sur.
La forzó en un páramo desierto mientras una terrible tormenta asolaba los cielos. Durante la agresión, la Nívea trataba de huír mentalmente del horror, y para eso dirigió la vista a las montañas. En ese momento un débil rayo de sol comenzó a surgir por entre las nubes de aquella pesadilla, mientras una serpiente de siete colores se arqueaba sobre los montes.
Lódinel se concentró tanto en aquella visión, que, en el momento de la descarga, pensó que era la Serpiente, y no Stutgard, la que la tenía atrapada con toda la fuerza de sus anillos.

Nueve meses más tarde, Lódinel dio a luz a una niña, con una mirada tan penetrante, que se la tuvo que cubrir cuando la abandonó al lado de los pantanos, esperando que la tribu de los Gromios se ocupara de ella.
Cuando la vieja Asgrud la encontró, la chiquilla ya llevaba un tiempo llorando. Pero, al levantar la piel de conejo que la tapaba, descubrió varias serpientes durmiendo junto a ella. Así que, movida por un sentimiento más supersticioso que maternal, decició llevarla hasta el interior de las tierras pantanosas. Los brujos del poblado decidirían su destino.

Una vez que la niña llegó a la cabaña de los rituales, los brujos la pincharon en un dedo, y quemaron una gota de su sangre. Inmediatamente, Upas, el más viejo de ellos, entró en un fuerte trance y sentenció:
 -Esta niña llevará el nombre de Potnia, y será bruja.
Los otros hechiceros quedaron paralizados ante la contundencia de tales palabras.
-En su sangre está escrita la profecía -continuó- cuando la bruja Potnia, la hija de la Gran Serpiente, ayude al Toro a dar muerte a su hermana, comenzará una era resplandeciente, en la que el tiempo se medirá en granos de oro.
Los brujos no entendieron el vaticinio, pero se acercaron a la silenciosa pequeña, que se les quedó mirando. Y esa mirada profunda de recién nacida de 100 años, demostró que no podía ser otra cosa más que una bruja: dentro de ella ya estaba el conocimiento, al que sólo le faltaba el descubrimiento.